El águila y los cuervos
EAN: 9788412483031
Editorial: Desperta Ferro Ediciones
Fecha edición: 2022
Materia(s): Historia
Colección: Historia Antigua
El águila y los cuervos
Soto Chica, José

Disponible en Taiga de la Travesía

La caída del Occidente romano es uno de los temas más abundantemente tratados por la historiografía, desde Gibbon hasta nuestros días, y sigue fascinándonos como fascina mirar a un abismo: ¿cómo un imperio tan poderoso, y en apariencia tan sólido, se debilitó hasta caer en apenas setenta años? Las respuestas a esta cuestión han sido múltiples y se han planteado desde numerosos prismas, achacándose culpas sea a bárbaros, sea a cristianos, sea a ambos; enfatizándose factores climáticos, desequilibrios sociales o marasmo económico; apuntando a la erosión de los viejos valores, a las innúmeras guerras civiles o a la corrupción de las élites Esta pléyade de respuestas subraya el desafío que supone tratar de comprender y explicar por qué Roma cayó, un desafío que asume José Soto Chica, uno de nuestros mayores expertos en la Antigüedad Tardía y autor de libros señeros como Imperios y bárbaros o Visigodos.
Hijos de un dios furioso, para plantear, a su vez, otra pregunta: por qué el imperio gemelo , la Roma de Oriente, Bizancio, sobrevivió y prosperó, mientras Occidente se hundía y disgregaba.
Alrededor de este eje, El águila y los cuervos desarrolla un relato vibrante sobre el convulso tiempo que medió entre el reinado de Juliano el Apóstata y el día del año 476 en que Odoacro depuso al último emperador de Occidente, el niño Rómulo Augusto, para enviar las insignias imperiales a Constantinopla.
Un relato que integra los distintos aspectos que tener en cuenta para entender el proceso que quebró al Imperio políticos, militares, sociales, religiosos, económicos o culturales , pero en el que la erudición no ahoga un ritmo frenético, con personajes trágicos de la talla de un Aecio el último de los romanos o una Gala Placidia, con emperadores funestos como Valentiniano III y otros como Mayoriano que trataron desesperadamente de salvar los restos del naufragio, con bárbaros como el godo Alarico o el vándalo Genserico, saqueadores de una ciudad cuyos muros no había hollad