Doce Lecciones sobre historia
EAN: 9788490454664
Editorial: Editorial Comares
Nº Páginas: 272
Fecha edición: 2016
Materia(s): HISTORIA
Doce Lecciones sobre historia


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La historia es una disciplina de verdad. Eso significa que cuenta con un auténtico repertorio de conocimientos adquiridos. Los conocimientos se obtienen aplicando un protocolo y respetando unas normas.

El profesional de la historia se ciñe a los documentos. El historiador se limita a la consulta y al examen de los restos del pasado. De esos vestigios o atisbos, el investigador extrae informaciones, siempre parciales, pero informaciones que somete a crítica interna y externa: en el documento observa el hecho, aventura un significado y examina las condiciones materiales de su realización y recepción.

El historiador narra lo que en principio sólo son datos inconexos. Los detalla, los clasifica y los cuenta. Efectivamente, hechos que fueron reales y simultáneos se ordenan en la historia de quien la escribe. Al hacer esto, el historiador se aproxima a la literatura: la historia es exacta y remotamente un género literario. Cierto: el historiador narra con orden, convirtiendo en palabras lo que fueron hechos, materiales, imágenes o también palabras.

Eso no significa que el historiador escriba ficciones. Sólo significa que la imaginación está presente en su tarea: cuando supone o conjetura, cuando completa hipotéticamente lo que el documento no le da. Pero el profesional de la historia no fabula.

El profesional de la historia interpreta y explica. Interpreta las acciones y sus intenciones. Los historiadores saben menos que los antepasados, saben menos que quienes tienen algo que testificar. Esa carencia los investigadores la suplen con conocimientos y documentos que de primera o de segunda mano ayudan a comprender actos y a explicar consecuencias.

En efecto, el historiador explica el contexto, la circunstancia, el marco de las acciones, las causas que los individuos no suelen conocer cuando actúan, cuando acometen empresas particulares o comunes. Los historiadores, pues, saben más que los sujetos históricos.

Saben más del pasado de la humanidad. Y organizan esas informaciones de acuerdo con las reglas comunes de su profesión. En este sentido, la historia se aproxima a la ciencia, aunque no sea ciencia. Al menos no puede ser ciencia experimental: el investigador no puede reproducir las condiciones de un fenómeno.