Más allá hay monstruos


En un rancho a las afueras de una ciudad californiana fronteriza con México, el tiempo se ha detenido durante el último año, desde el día en que Robert Osborne, el ranchero de veinticuatro años, salió a buscar a su perro y nunca volvió a casa. Se encontró una gran cantidad de sangre en el suelo del comedor de los jornaleros mexicanos, pero el cuerpo de Robert nunca se recuperó. Devon, su viuda, anhela seguir con su vida mientras que la madre de Robert no puede aceptar que su hijo esté muerto y el rancho languidece ya que, hasta que no sea declarada la muerte de Robert, Estivar, el capataz, no puede tomar decisiones. Ahora, por fin, se celebra la vista para declarar la muerte presunta de Robert y, a medida que los testigos declaran ante el juez, aparecen secretos y turbiedades del pasado: una historia de amor e infidelidad, un suicidio sospechoso, el alcoholismo, relaciones familiares fallidas, la indigencia, el abuso, embarazos clandestinos e, incluso, viejos rumores de asesinatos.
Más allá hay monstruos, advertían los mapas del medievo de los territorios inexplorados, que los cartógrafos suponían poblados con criaturas extrañas y seres monstruosos. Al escudriñar en el alma y las relaciones humanas más allá de lo inmediato, Millar se sumerge en lo ominoso, lo irracional y la amenaza y nos muestra que todos tenemos monstruos, pero tenemos que darles algún otro nombre o hacer como que no existen .